Sabines protagonista.

Conocemos a Fátima Monterrosa, ha sido nuestra compañera desde hace mucho, ayer circuló este artículo firmado por ella, aquí lo reproducimos citando la fuente.

Revista EmeEquis
http://www.eme-equis.com.mx/010MXCHIAPAS.html

Por Fátima Monterrosa

Caía la tarde del 28 de marzo cuando sonó el teléfono del senador Jesús Ortega. No era una llamada cualquiera.
–Qué tal Jesús, ¿cómo va todo en Chiapas?
Era Andrés Manuel López Obrador. Quería conocer el desenlace del proceso para elegir al candidato del PRD al gobierno de ese estado.
En la conversación, Ortega, coordinador de la campaña presidencial del perredista, explicaría en detalle los puntos principales de la negociación con el gobernador Pablo Salazar y el alcalde priista de Tuxtla Gutiérrez, Juan Sabines Guerrero.
Pactaban la candidatura al gobierno del estado de la coalición Por el Bien de Todos.
–Todo va bien –respondió Ortega.
–Estoy cerrando las negociaciones. Pablo aceptó que Rubén Velásquez no sea candidato… quiere la primera fórmula al Senado.
Los testigos de la conversación relatan a emeequis que López Obrador preguntó si Sabines ya había aceptado ir por el PRD. Ortega, según las dos fuentes que confirmaron la información, respondió: “Todo lo he manejado directamente con él. Dice que acepta la propuesta, que será nuestro candidato; sólo falta afinar unos detalles, sobre todo la estrategia para romper con el PRI. Quiere que se cuiden las formas”.
Lejos de ahí, a más de mil kilómetros, el alcalde priista de Tuxtla Gutiérrez –quien, apoyado por Salazar Mendiguchía, arrebató la capital del estado al PAN– festejaría su virtual candidatura. Y lo hizo en una de las cantinas tradicionales de la capital chiapaneca: Ali-Ba-bar.
Era un día especial pero lleno de contrastes. Juan Sabines tenía prácticamente amarrado el sueño de ser candidato a gobernador. Para entonces ya no importaba que no lo fuera por su partido, el PRI, el mismo que llevó a su padre, del mismo nombre, al Ejecutivo estatal en los ochenta.
Las negociaciones entre el PRD y Salazar –confirmadas por dirigentes y colaboradores de López Obrador que participan en las mismas–, sepultó las aspiraciones de los perredistas Emilio Zebadúa, Rubén Velásquez, Rutilio Escandón y Plácido Morales, quienes buscaron desde meses atrás la candidatura al gobierno chiapaneco.
Los cuatro se inscribieron para participar en la contienda interna, prevista para el 8 de abril. No sabían que la convocatoria sería cancelada desde el DF como resultado de los acuerdos entre Sabines y el gobernador del estado. Esas negociaciones tuvieron impacto no sólo entre los perredistas. Cuando supo de ellas, la dirigencia nacional del PRI también canceló su proceso interno, porque vio que desde el interior se preparaba una celada.
La dirigencia nacional del PRI denunció que el ex gobernador Roberto Albores Guillén había negociado con Pablo Salazar para reventar el proceso priista y apoyar a Sabines, a cambio de que se limpiaran “todos los procesos jurídicos” que hay contra ex funcionarios presos por corrupción, en los que está implicado el propio Albores.
“La dirigencia del PRI pudo constatar fehacientemente que el presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez, Juan Sabines, aceptó la candidatura del PRD y, junto con Albores Guillén, intentarán registrarse para descalificar las elecciones internas y tener un pretexto público para aceptar la candidatura perredista”, denunció en un inusual comunicado emitido el pasado miércoles 5 de abril.
Por ello, el PRI decidió usar un método antigüito: candidato de unidad.

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Desde el inicio de su mandato, Salazar dejó ver una abierta simpatía por Rubén Velásquez. Cuando Emilio Zebadúa dejó el cargo de secretario de Gobierno para ocupar una diputación, no lo pensó para colocarlo en su lugar. Desde entonces rompió con Zebadúa, a quien calificó de “traidor”. Y más encono le tuvo cuando éste anunció que buscaría ser candidato a gobernador para 2006.
Ya instalado en la Secretaría de Gobierno, Velásquez comenzó a promover su imagen. Y al renunciar a su puesto, el pasado 14 de marzo, desplegó una millonaria campaña a través de espectaculares, gallardetes y publicidad en todos los medios de comunicación chiapanecos, anunciando que buscaría ser el próximo gobernador.
Para entonces, Velásquez ya tenía amarrada la negociación con el Partido del Trabajo, y creyó que con el respaldo del gobernador tendría en sus manos también el apoyo del PRD. Nunca imaginó que habría un veto insalvable a su persona: el de López Obrador.
La razón: las encuestas mostraron que en Chiapas las preferencias electorales por López Obrador estaban diez puntos por debajo de Madrazo. Y en un arranque de lo que los perredistas califican como “pragmatismo” puro en su afán de llegar a Los Pinos, el candidato presidencial preguntó quién podría ayudar a remontar la desventaja: escuchó el nombre de Juan Sabines.
Y no lo pensó: dio la instrucción para conseguir que Sabines, el hombre cuyo apellido despide altos olores poéticos, fuera el candidato.
Faltaba más.
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Juan Sabines es un político priista que ha sacado provecho del nombre y el apellido. Su padre ha sido quizá el más famoso y querido gobernador, por su obra pública y otros detalles. En la época del boom petrolero, Sabines padre regalaba dinero a manos llenas. Y a sus críticos les contestaba siempre con una contundente frase que los periódicos se encargaban de publicar, divertidos, a ocho columnas: “¡Que chinguen a su madre..!”.
Y de su tío Jaime Sabines, el ilustre poeta, sacó la bohemia.
Sin mayor arraigo en Chiapas que el apellido, Sabines regresó a Tuxtla Gutiérrez en 2000, luego de haber vivido prácticamente durante 30 años en el DF. Su nombre, sin embargo, fue un arma contundente cuando el PRI le arrebató al PAN la capital del estado, luego de que éste la había gobernado nueve años. Era 2004 y Sabines, que había sido diputado local, barrió con los panistas: les ganó por 60 mil votos.
En el ayuntamiento colocó a sus amigos: a Jaime Vals –hijo del ministro de la Suprema Corte, Sergio Vals— lo nombró tesorero municipal y a su compañero de estudios de la Universidad Iberoamericana, Juan Díaz —hijo de Regino Díaz Redondo, ex director de Excélsior– lo hizo jefe de asesores del ayuntamiento.
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Ya en la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez, Sabines se ha hecho famoso por dos razones.
Prometió que antes de que terminara este año toda la capital tendría agua potable, uno de los principales problemas que aquejan a la ciudad desde hace décadas.
Pero también han cobrado relevancia sus recurrentes apariciones en famosas cantinas y bares: Klass, La Cantina de los Remedios, La Tía Meche, Las Laminitas y Alí Ba-Bar.
Para cumplir la promesa de agua potable, buscó que desde la Cámara de Diputados se asignara un presupuesto adicional de 400 millones de pesos. Pero la fracción del PRI lo bloqueó. En su auxilio vinofue el gobernador, quien no sólo aportó recursos estatales, sino que gestionó fondos con Banobras.

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El 28 de marzo pasado, Juan Sabines tenía doble motivo para festejar.
Se cumplía uno de sus sueños para seguir los pasos de su padre. Y, sobre todo, había recibido el respaldo del mandatario Salazar.
No le importaría el desprecio de la dirigencia nacional del PRI, que –según él–, sin consultarlo, lo borró de la lista de candidatos al gobierno y quiso ofrecerle la segunda fórmula al Senado por Chiapas.
Esto, según la confesión de Sabines a sus colaboradores, lo había orillado aceptar la oferta del PRD.
Sabines revelaría que en sus encuentros con Roberto Madrazo le había hecho saber su aspiración por la candidatura, que contaba con el respaldo de César Augusto Santiago, y que estaba muy bien posicionado en las encuestas. Más aún, que podría ofrecerle al PRI dos millones de votos.
Madrazo tenía encima una seria amenaza: Roberto Albores, Sami David, José Antonio Aguilar Bodegas y Arely Madrid, cabezas de los principales grupos priistas de Chiapas le habían advertido que por ningún motivo permitirían la imposición de Sabines. Criticaban sus nexos con Salazar.
Por eso, cuando Sabines habló con Madrazo, éste le respondió que se inscribiera en la elección interna, como cualquier otro priista. Le dijo que la elección sería abierta y que cualquiera tendría posibilidades.
Uno de esos cuatro priistas confió a emeequis que, a partir de entonces, Sabines comenzó a deslegitimar la convocatoria priista, “porque sabe que no tiene apoyo ni estructura en todo el estado y que sólo cuenta con fuerza en Tuxtla. Por eso quiere ser candidato directo, y por eso se va a terminar yendo con el PRD”.
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Sin posibilidades de ir como candidato directo por el PRI, Sabines se abrió a los coqueteos que le lanzaban desde el PRD y desde Tuxtla Gutiérrez.
Sin saberlo, Sabines terminaría por ser el eslabón que volvería a unir, por conveniencias mutuas, a dos personajes que durante cinco años protagonizaron una serie de diferencias políticas y personales: Andrés Manuel López Obrador y Pablo Salazar Mendiguchía.
Candidato en 2000 por el PRD, PAN, PT, Convergencia y Verde Ecologista, Salazar rompió con los perredistas apenas tomó posesión. Colocado en medio de la pugna que tuvieron en el arranque de sexenio Vicente Fox y AMLO como jefe de Gobierno del DF, Salazar tomó abierto y público partido por el presidente de la República.
“Es un arrastrado”, llegó a comentar en su círculo más cercano López Obrador de Pablo Salazar, cuando desde Chiapas éste declaró que no iría a las reuniones de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) porque se pretendía usarlas como trampolín político de López Obrador. Y sólo hasta que los gobernadores panistas se sumaron a la Conago, Salazar asistió.

Desde entonces, Pablo Salazar ha hecho de Vicente Fox su modelo político: “Estoy convencido de que ningún presidente ha ayudado a Chiapas tanto como el presidente Fox. Por eso, si ser foxista es ser agradecido con el presidente, yo soy foxista”, dijo el pasado 3 de abril, cuando puso en marcha la construcción de la última etapa del bulevar Vicente Fox, en Tuxtla Gutiérrez.
Pero además, la pugna entre AMLO y Salazar crecería cuando, al principio del gobierno estatal, el mandatario chiapaneco se negó a ratificar en un cargo de tercer nivel –director del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos–, a Pío López Obrador.
Cuando estalló el videoescándalo de Gustavo Ponce, apostando en Las Vegas, Salazar expresó “que nunca le ocurriría una situación de esa naturaleza, porque él si sabía escoger a sus colaboradores”.
Y al presentarse el proceso de desafuero contra el gobernante capitalino, el mandatario chiapaneco pidió a López Obrador respetar la ley. “No es un asunto de buenos y malos, sino de leyes e instituciones”. Pero además, contactó a un diputado del Partido Verde para pedirle que votara por el desafuero, según ha revelado éste legislador a amigos suyos.

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Por eso, en el PRD hubo sorpresa cuando empezó a saberse de las negociaciones con Salazar. “El pragmatismo de ambos” –dicen en el PRD– los llevó a buscar acuerdos.
Quienes le vendieron la idea a López Obrador aseguran que con Sabines, el PRD podrá obtener más de un millón de votos. Y para el mandatario chiapaneco significaría un blindaje que no tendría con el triunfo de un priista.
Según las cuentas del PRD, los priistas aún tienen 48 por ciento de la aceptación electoral, mientras ellos, sin alianza, alcanzan 23 por ciento y el PAN, 16 por ciento.
Según sondeos del gobierno local, Sabines encabeza, con 32 por ciento de las preferencias. En segundo lugar, el ex gobernador Albores, con 28 por ciento; en la tercera posición, el senador José Antonio Aguilar Bodegas, con 20; en el cuarto, el diputado Sami David, con 16 y en quinto lugar, César Augusto Santiago, con cuatro por ciento.

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La oferta de Salazar Mendiguchía fue analizada por Manuel Camacho Solís.
Éste –emparentado con el diputado federal Manuel Velasco Cuello, líder del PVEM en Chiapas y nieto del ex gobernador Manuel Velasco Suárez–, tejió fino para cuajar la candidatura. Y tiró del hilo familiar para sellar una alianza de facto entre Velasco y Sabines, y dejar huérfano a quien resulte candidato del PRI a la gubernatura en Chiapas.
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Aunque Sabines se ha negado públicamente a reconocer esta negociación, ya tiene la candidatura del PRD, PT y Convergencia.
El presidente municipal no ha cumplido la promesa central que lo llevo a ganar la capital. Y tampoco ha comprobado la cuenta pública ante el Congreso local. Adeuda la comprobación de, por lo menos, 120 millones de pesos, argumento que pretende usar la bancada del PRI para no aprobar su licencia al cargo.
A pesar de todo, en el PRD se da como un hecho la candidatura de Sabines, un priista, aún, que en su más reciente carta de impugnación al proceso interno del PRI, pareciera hacer un retrato de la forma en que podría llegar a la candidatura del PRD.
El pasado 4 de abril, Sabines dijo: “Quisiera que en la interna del PRI se me permitiera participar en igualdad de condiciones. Sin embargo, existe una cargada a favor de un solo candidato… No es posible que el PRI permita hoy en día que en un México nuevo, democrático y de igualdades, una camarilla decida sobre los demás. Nunca había visto un proceso tan sucio. Ni mi padre me había contado de un proceso tal”.
Así habla un neocacique. Uno por el que, al menos pasajeramente, López Obrador siente especial atracción.

Un pensamiento en “Sabines protagonista.”

  1. Este artículo hoy sale publicado en el diario Cuarto Poder, bueno ya se veía venir, raro es ver a Fátima publicada en Cuarto Poder, en fin.

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