¿Cómo afectará a Chiapas la crisis?

Por Raúl Ríos Trujillo

En las últimas semanas los medios de comunicación han intensificado su carga sobre lo grave de la crisis pero, a decir verdad, tal y como se dibuja, a Chiapas no nos ha llegado ni un cachito de aquello que se vislumbra al norte, al contrario: vemos que la publicidad oficial tiene un mensaje distinto, es decir, se están invirtiendo dineros para beneficio social, la federación ha respondido y el gobierno local está aplicando bien los recursos; cómo nunca, sectores sociales se están beneficiando de las políticas públicas.

Pero no es que exista entonces una incongruencia entre ambos mensajes: el de la crisis y el de la bonanza en buenos términos de programas de asistencia social que nunca se habían visto como hoy en Chiapas; más bien los mensajes se han estado enviando desde ámbitos distintos.

A decir de algunos especialistas, la crisis ocasionada por la catástrofe financiera en Estados Unidos ha generado inestabilidad en dicho país, despidos masivos y, como en efecto dominó, el encarecimiento de insumos y todo lo que se nos ocurra pensar para mal. Chiapas entonces, muy al sur y encadenada en menor escala a la moneda gringa, se encuentra un poco más librado de aquello que ya es fatal en algunas regiones de México. Tampoco es para celebrar que Chiapas no se desarrolle tanto la actividad industrial como en nuestros estados vecinos del norte -no tenemos maquiladoras que quiebren porque tenemos una escasa industria-, más bien, gracias a ello el efecto nos llegará muy poco.

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La palabra “N”

Por Raúl Ríos Trujillo

Existen palabras que además de referir simples ideas o vocablos con un significado concreto traen una especie de “alma” o “aura” que los persigue para bien o para mal, palabras como “comunismo”, “revolución” o “guerrilla” eran poco usadas en nuestro pasado mediato, se evitaban por representar un miedo atávico y estaba prohibido mencionarlas, escribirlas o sugerirlas siquiera.

En la Cuba postrevolucionaria de los años sesenta y setentas —castigada por el bloqueo— se dejó de usar por convencionalismo la palabra “crisis”, a cambio los líderes socialistas hablaban de “periodos especiales”.

En México a fuerza de vivir incontables crisis, la palabra dejó de significarnos miedo, los medios de comunicación se han encargado de aplanar esta idea en la psicología del mexicano, por eso no nos resulta raro que en las campañas “anticrisis” de las principales televisoras se nos venda la idea esa que “de peores hemos salido”, no le tememos, somos campeones en sobrevivir a las crisis.

La Maldad y el Cronopio

Hace quince años, cada libro que caía en mis manos era devorado por las ciegas ansias de leer, tampoco era que fuera muy culto o que me sintiera tocado por el dedo de Dios, era que me gustaba y como tampoco tenía mucho dinero ocupaba lo poco que me llegaba para comprar cuanto libro usado o barato estaba a mi alcance, también estaba abierto a la donación de propios y extraños, por eso acepté el regalo del papá de un amigo que, conociendo mi afición por la literatura me regaló dos libros de segunda mano, uno de ellos fue el Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez (una edición de lujo con pasta dura verde que todavía conservo como un tesoro) y el pequeño librito “La vuelta al día en 80 mundos” de Julio Cortázar.

Ya en la etapa de universitario y aspirante a periodista, publiqué en la desaparecida revista “Este Sur”, ―cuya sección cultural coordinaba Héctor Cortez Mandujano―, un artículo inspirado en uno de los textos de este último libro, el artículo que se perdió en el tiempo, se refería a los hapennings o performances que estaban de moda en mi facultad (en serio, mucho de el “aquello” cultural sobrevive a lo snob que tanto combate), algo podría recordar de aquellas líneas, “Happenings, performances o simplemente catarsis “, y era precisamente que estas instalaciones teatrales tenían el objetivo claro de mover la conciencia de quienes lo presenciaban.

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La recomposición política en las delegaciones federales

Un reclamo perenne en el ala más radical del panismo durante el sexenio de vicente Fox Quesada fue que nunca existió un control preciso de las delegaciones federales en los estados, la tradición priísta de asumir esos puestos a manera de embajadas negociadas con los gobernadores ―vistos como virreyes―, resultó en el primer ensayo del panismo en el poder un verdadero desastre en época electoral.

Al respecto la tradición priísta más recalcitrante siempre fue, ―de acuerdo a un protocolo concertado y no escrito―, que la federación respetaría el criterio de los gobernadores a la hora de elegir delegados, es decir, proponían un nombre y se negociaba la asignación de esos espacios aunque la decisión siempre se decantaba a favor del poder local, claro que esta manera de operar tomaba en cuenta que la presencia del PRI era mayoritara y que la propia presidencia era priísta, una negociación con poderes contrapuestos salía de toda lógica.
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