La recomposición política en las delegaciones federales

Un reclamo perenne en el ala más radical del panismo durante el sexenio de vicente Fox Quesada fue que nunca existió un control preciso de las delegaciones federales en los estados, la tradición priísta de asumir esos puestos a manera de embajadas negociadas con los gobernadores ―vistos como virreyes―, resultó en el primer ensayo del panismo en el poder un verdadero desastre en época electoral.

Al respecto la tradición priísta más recalcitrante siempre fue, ―de acuerdo a un protocolo concertado y no escrito―, que la federación respetaría el criterio de los gobernadores a la hora de elegir delegados, es decir, proponían un nombre y se negociaba la asignación de esos espacios aunque la decisión siempre se decantaba a favor del poder local, claro que esta manera de operar tomaba en cuenta que la presencia del PRI era mayoritara y que la propia presidencia era priísta, una negociación con poderes contrapuestos salía de toda lógica.
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