Bestias sociales, animales de interés

Raúl Ríos Trujillo http://www.chiapasenlinea.wordpress.com/

Casi en la esquina, con la lámpara rota, y el cucú en alarma, la contienda electoral federal ya ocupa a muchos en Chiapas. No es para menos: apenas iniciado el año ya comienza el ruido interno en los partidos, es hora de estrenar piel, camaleonizarse, hacer campaña; ingeniería electoral le llamaron los tecnócratas, los priístas de antaño que sabían mucho más de eso. Ahora mismo ya se encuentran repartidos en otros institutos políticos, han esparcido su sabiduría mapache a todos los colores.

Esta vez, como siempre, para inaugurar este derroche de imaginería, el PRI fue el primero en moverse en el registro de candidatos a las internas, le seguirán los otros grandulones medianos y luego los enanos. El escenario próximo: las renuncias, el zoológico desatado en torno al elogio y la complacencia, las patadas por debajo de la mesa, las fobias y las filias. La época electoral es la mejor para quitarse las máscaras y mostrar la cara a la fauna tal como son los humanos en la política, bestias sociales, animales de interés.

Las tácticas son las mismas, los desplegados en los diarios, precandidaturas; en medio de otros ruidos el monstruo de las elecciones despertará el ánimo que se repite cada año electoral, suceda lo que suceda en el plano local, nacional, incluso global, sabemos que pronto el tema que se impondrá será el mismo, los candidatos, los tapados, la grilla interna, los concilios. Lo de siempre.

Hasta parece una locura pero no lo es: Chiapas ha sido desde su más remota historia política un barril de pólvora electoral, bastión caciquil por antonomasia, carne de cañón y por si fuera poco campo de batalla. Lo cierto es que a pesar de ser un estado politizado, la cultura electoral es magra, simplemente no existe: hemos heredado lo peor del sistema político mexicano y eso peor se ha enraizado en nuestra cultura, se repite cada cuatro y seis años, (perenne a fuerza de categorizarse en el subconsciente colectivo), es parte de nuestro ser social: voto y existo, o existo sólo para votar, luego soy nada, hasta que vuelva la oportunidad de ser algo… un número que podría significar la diferencia.

Una de las funciones sociales de los órganos electorales es la educación cívica, la formación de ciudadanos que tengan la capacidad, no únicamente de saber y poder votar, también de entender el proceso electoral, saber elegir, pero sobre todo saber participar: se supone que el proceso está basado en la participación ciudadana.

Al menos el Instituto Estatal Electoral (IFE) se ha preocupado por intensificar campañas de promoción al voto. No se puede negar que de una u otra forma ha cumplido con esa parte de su visión aunque la verdad es que nunca bastará el puro marketing, la masa sin sustancia, verdadera educación cívica electoral no hay y hace tanta falta.

Lo que nos venden como sencillo en realidad no lo es, no únicamente es acudir a las urnas y votar por el candidato de nuestra elección, hay un entramado de procesos basamentados en la participación ciudadana; los órganos electorales, el federal y los locales plantean su desempeño en la ciudadanización pero la más cruda realidad es que el ciudadano sólo presta su cara y trabajo para legitimar un proceso que tiene vicios y que por más esfuerzos que se hacen para normarlo sigue adoleciendo de algo que debiera ser fundamental: credibilidad.

De esta manera las leyes electorales continuamente han sufrido cambios que no precisamente las han perfeccionado. En Chiapas la ley electoral ha sido modificada tantas veces que el órgano que regula su función (ya ni siquiera es uno, son tres) no ha logrado tener una identidad clara que la identifique con los ciudadanos, así como se ha llamado Comisión Estatal Electoral (CEE), Instituto Estatal Electoral (IEE), hoy mismo luce un nombre tan elaborado (Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana) que parece que la intención ha sido confundir al electorado. Entonces, ¿cómo hablamos de educación cívica electoral si nuestras instituciones son sujetas a cambios según el humor de tal o cual interés político vigente?

En el ámbito nacional el IFE como institución es un estandarte democratico en México y este año se estrena con nueva cara, luego de la salida de Luis Carlos Ugalde y las nuevas disposiciones que plantean el control de gastos a medios de comunicación en campañas; sin duda hay que estar muy pendientes, las elecciones intermedias siempre significan el termómetro ideal de lo que sucede en la política nacional, además, la circunstancia especial de crisis lo vuelve interesante. ¿Qué sigue?

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